jueves, 2 de septiembre de 2010

tell me all you know about the animal secrets


                                              

                                            

                                                 

  
ilustration by denise nestor     storie inspired in the film Pompoko

- Cuéntame de nuevo esa vieja historia- dijo Julia entornando los ojos.

- ¿Otra vez?...pero si ya te la he contado tantas veces que tú te la sabes incluso mejor que yo. ¿No prefieres una nueva, una de piratas o bandoleros, de alguien que robe tesoros y tenga cara de malo?.
-No, sólo una vez más, quiero escuchar la historia de porque los animales tienen secretos.
- Está bien, pero esta es la última vez que te la cuento.
(Julia sonríe mientras mira a André y siente que una noche más se ha salido con la suya)
Érase una vez un pequeño tocón de árbol justo en el centro de un bosque de secuoyas, algún leñador desalmado lo había cortado para construirse una nueva y bonita cabaña y desde ese momento el consejo de los animales, alamardo por la posibilidad de que algunos de ellos perdieran sus hogares, decidieron reunirse una vez por semana justo en ese lugar para poner en común sus inquietudes. Durante décadas la humanidad había permanecido respetuosa con aquel bosque, celebraban la naturaleza con el mismo respeto y amor que los mismos animales, porque los hombres, mujeres y niños sabían que aquellos viejos árboles eran un bien necesario, puro oxígeno y rincones donde los niños podrían trepar y jugar, donde los enamorados podrían descubrir los labios del otro y los padres echar una agradable siestecita lejos de sus obligaciones. Pero ahora todo era distinto, estaba ese temible gigante llamado "especulación inmobiliaria" que tenían un ejercito de excavadoras y leñadores metálicos sin corazón. Esos eran los rumores que habían llegado desde tierras lejanas. Pero ahora, los rumores eran tan reales que hace poco que varios petirrojos y comadrejas habían tenido que ser realojados en casa de amables tejones y conejos. La situación era preocupante por eso los conejos tomaron la palabra y hablaron de algo que hace siglos les habían enseñado los mapaches del sur de japón. Estos al verse acechados por los hombres decidieron hacerles frente con su mejor arma: el poder de mimetización. Los mapaches podían convertirse en cualquier cosa con solo pensarla y haberla visto alguna vez: una gran olla, una vieja estufa, un martillo o su mayor secreto: podían convertirse después de un gran entrenamiento en seres humanos. Así que los conejos , decidieron trazar un plan mediante el que vencer los temibles planes de aquellos señores tan desalmado que querían arrebatarlos su hogar. Mandaron llamar a Shoukichi el mapache más sabio del antiguo clan de grandes mimetistas. Este les adiestró y compartió sus técnicas más eficaces. Y es así como los conejos, terriblemente avispados y preocupados por la pérdida del alquiler de sus madrigueras, fueron los primeros en emigrar a la ciudad y hacerse pasar por humanos, luego llegaron los osos, los ratones de campo, las marmotas y se cuenta que desde lejanos lugares se ha visto incluso avestruces aventajadas que decidieron colaborar con el proyecto. Y es este y no otro el secreto de los animales, seres tan antiguos que  guardan y aprenden las técnicas necesarias para que el ser humano evite equivocarse demasiado. Cuentan que incluso en esta ciudad en la que vivimos hay algunos de ellos, con su hipoteca, su televisión de plasma, sus 30 días de vacaciones y su nevera repleta de verduras. Se han camuflado entre colectivos de vegetarianos y ecologistas, pero son en su mayoría conejos, mapaches y castores que no muestran su verdadera forma para que el secreto les permita seguir atentos a cualquier atrocidad o delito que el ser humano cometa. Y por eso siguen los bosques o las selvas existiendo, sin la intervención de los animales todo estaría perdido...
André arropó a Julia que se había quedado dormida hacía rato abrazando su pequeño conejo de peluche. Apagó la luz, la dio un beso de buenas noches y entornó la puerta. Se dio cuenta de que tenía hambre y fue directo a la nevera, había llegado tarde de trabajar y apenas había cenado nada porque Julia siempre reclamaba su atención nada más llegar. Así que abrió la inmensa nevera y seleccionó la más exquisita de las zanahorias, tan naranja y prieta que era una tentación irresistible. Mientras comía una tras otra pensando en sus tareas del día siguiente, Julia que se había levantado de puntillas para espiarle , observaba admirada el fabuloso y suave pelaje de su padre.Apretó fuerte su peluche y surrurró:


(tu secreto está a salvo conmigo)
                                   

11 comentarios:

une femme est une femme dijo...

Pompoko!

Estrógena dijo...

ooooo... qué bella historia... si es que al final, todos tenemos un secreto. Pero qué bonito saber que tu secreto está a salvo. Me han encantado las imágenes. MUA!!

elblogdeestrogena.blogspot.com

gusosos' land dijo...

Qué ilustraciones más bonitas! El otro día justamente las vi de casualidad buscando por internet. un saludo!

Gudulina dijo...

¡Que preciosa historia!
Ahora empiezo a comprender el comportamiento de algunas personas que me rodean.¡ja!

ameskeria dijo...

que preciosidad de ilustraciones!

minúscula dijo...

Oh, cielos! Sin duda esta es una caja mágica... por un instante fui muy feliz. Gracias.

The Man from Amsterdam dijo...

beautiful illustrations!

Efe Nachtfalter dijo...

Qué dulcura de lugar acabo de encontrar.

Ester García dijo...

Precioso Anna....

latacones dijo...

(y conmigo).

enmicabeza-ilustracion dijo...

Qué bonitas ilustraciones ^^