domingo, 3 de julio de 2011

Sambanella








illustration by jazmin berakha

La música sonaba justo al volumen adecuado para la danza y ella lo sabía. Llevaba escondida dentro de aquella casa demasiado tiempo, el invierno había sido largo pero no lo suficiente como para terminar de tejer y bordar la ropa que le habían encargado. Por eso andaba vestida a la mitad, perdida dentro de inmensos jerseys de lana y larguísimas bufandas. Su impaciencia le llevaba a aburrirse pronto, a querer hacerlo todo a la vez, los puntos se cruzaban en hermosos festivales de ropa siamesa, tallas y colores se abrazaban en los cestos de mimbre en los que ella colocaba saquitos de sándalo y lavanda para que cuando fuera necesario realizar el envío de las prendas olieran como recién sacadas de un lugar secreto en el que la madera terminaba siempre en copas frondosas y verdes. 

Sin duda era una mujer discreta, apenas hablaba, pero eso si, tarareaba francamente bien canciones sin letra, canciones alegres en las que dan ganas de hacer volteretas y besar a la gente que uno tiene cerca. Es por eso que ahora que el calor  ha regresado ella debe abandonar las agujas y los hilos y vivir desprendida de todo color. Al desnudarse se descubre casi transparente y decide mimetizarse con las flores, los fragmentos de corteza y el olor de la tierra que rodea el pequeño lago de Bretiskaya. Durante estos meses aprenderá las técnicas antiguas de los pájaros y no se olvidará de recolectar sueños dentro de cáscaras de nuez que luego tendrá lo bastante cerca  cuando el frío regrese y haya que ponerse a tejer las historias que una solo es capaz de vivir en la mejor de las estaciones...el verano.


(le vals du petit points)

4 comentarios:

duermeveland dijo...

qué evocador... precioso texto

soniamarpez dijo...

recolecta de sueños que alegran los huesos para pasar el largo invierno

(las ilustraciones son fascinantes)

Beauséant dijo...

el invierno no es más que un preludio del verano.. es una bonita idea perfectamente enmarcada por las ilustraciones.

Dara Scully dijo...

(hay uno de esos cestos de mimbre junto a la puerta de mi habitación. me mira y sonríe, o eso parece, mientras la ropa se enquista al fondo y se niega a salir. me pregunto qué harán, a veces.)




pd: me gustan este revoltijo
de palabras. mucho.